Encantada de poder añadir a mi blog una entrada llena de satisfacción.
El pasado viernes pude repetir una gran experiencia en un restaurante llamado Sara, situado en Terrassa. Aunque lleva abierto más de 20 años, hace cosa de dos que lo descubrí, y lo mejor es que está en mi misma ciudad.
De ambiente clásico, con cocina de mercado y un trato exquisito.
Desde el momento en que haces la reserva telefónica, hasta cuando te marchas por la puerta, es un claro ejemplo de como hacer bien nuestro oficio.
El comedor está dirigido por una maître, a la cual le ayuda un gran camarero, y en la cocina podemos encontrar al dueño, donde todo es perfección.
Como este blog va dirigido en particular al servicio y la atención al cliente, no entraré en detalles sobre la comida, lo que sí os propongo es que descubráis por vosotros mismos la magia del Sara.
En cuanto al servicio, el camarero es un gran profesional, y no me gustaría usar la etiqueta de "un camarero como los de antes", ya que desde mi punto de vista eso no debería ser cosa del pasado.
A destacar:
- Perfecto servicio de bebidas y platos, describiendo cada uno de estos.
- Trato cordial con el cliente, ofreciéndole ayuda en todo momento.
- Habilidad y movimientos ligeros, como si bailara por la sala.
- Repaso de bebidas y pan.
- Mesa en perfecto estado.
- Una sonrisa desde el principio hasta el final.
Te sientes cómodo, sin que el servicio se haga lento o pesado, y nunca echas nada en falta... todo a su justa medida.
Al salir, se despiden siempre con una sonrisa y un hasta pronto. ¡Y yo, desando que ese "pronto" no sea de aquí mucho!